Cometierra, la Casandra del barrio





Leí Cometierra hace casi un mes. Lo compré pensando, inocentemente, que iba a poder dejarlo ahí en un estante para ir leyendo de a poco. No sabía de qué se trataba pero el título me había encantado.

El libro estuvo en mis manos terminando la tarde. Leí. Paré a cenar y volví ansiosa al libro. Lo devoré con la misma voracidad de la protagonista. Y lloré. Y sentí el sabor a tierra y el nudo en la panza.

Quiero decir muchas cosas sobre esta novela que me dejó dada vuelta. Creo que el texto lo permite. Pero hoy decidí centrarme en uno de los diálogos literarios  más interesantes que me planteó esta historia.

La protagonista tiene un don: come y ve. La tierra le permite conectarse con la historia de las mujeres desaparecidas, violentadas, asesinadas. ¿Adivinación? Ella dice que no, que poco se parece eso a adivinar. Que ella VE.

Este don la conecta con otras mujeres. El primer nombre, para mí, es el de Casandra.

Casandra recibe un don a cambio de su cuerpo. Ese don es el de la profecía, saber lo que va a ocurrir. Pero ese don viene acompañado de un castigo: Casandra está condenada a saber. A saber y a que nadie le crea. Aún más: a saber y no poder hacer nada para cambiar lo que ve.

Cometierra también tiene ese don. Puede ver, puede saber lo que pasa. No tanto lo que ocurrirá como lo que ya ha ocurrido y, más aún, lo que está ocurriendo. Sus visiones son en tiempo presente. Esto pasa ahora.

A diferencia de Casandra, a quién nadie le cree sus profecías, la gente empieza a creer en Cometierra. Siempre con reparos, con vergüenza. Creen en ella porque ya no hay nada más en que creer.

El castigo de Cometierra es la frustración constante. Saber, y saber que ya es tarde. Y aparece esta idea de cuánto se puede modificar lo que pasa. Si antes era el destino pensado por los dioses acá el destino está marcado por los hombres.

El final es sumamente significativo. El pedido de la seño marcado sus sueños, la convoca a hablar, para que esto deje de pasar.. Lo único que queda es poner el cuerpo, ya sea para enfrentar el peligro o para llenarlo de tierra. Paradójicamente, para la protagonista la única salvación es sacarlo, salir de ahí.

Cometierra es, además, una (re)constructora de historias. A.k.a., es también una escritora. Una escritora de crónicas sobre feminicidios, tal vez. Con el mismo don de dar a conocer pero, jamás, poder evitar. Pero esto es material de otro texto.